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Viernes, 21 de Julio de 2017
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Transformar el mundo sin tomar el poder

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Cooperativismo: un modo de vida

 

“CAMBIAR EL MUNDO SIN TOMAR EL PODER”                   

 

El cooperativista Macario Castillo, guerrillero en los años 60 de Venezuela, al descubrir la opción política que significa el movimiento cooperativo, acuñó una frase que resume un pensamiento profundo: “ir construyendo en pequeño la sociedad por la que luchamos en grande”. Macario nos plantea una visión estratégica, un modo de vida propio, que se nos propone a los mucho más de mil millones de cooperativistas del mundo y a todos los que participamos en los procesos de la Economía de Solidaridad. Nos propone una opción política y social, un modo de vida no de pendiente de otras concepciones y modos de vida.

POSICIÓN PROPIA

El cooperativismo italiano integra unos 50 millones de ciudadanos.  En él destacan dos organismos de integración: La Liga Cooperativa, que representa unos 10 millones de personas  y  se relaciona con el Partido Comunista italiano y la Confederación de Cooperativas, que también representa una gran fuerza cooperativa y que se vincula a la Democracia Cristiana. El hecho nos recuerda a movimientos sindicales, vecinales, gremiales que se inscriben y subordinan a fuerzas políticas. Esos movimientos sociales se inscriben y someten a organizaciones que tienen sus propios modos de vida. Modos de vida que son coherentes con su estrategia fundamental: para cambiar al mundo se debe tomar el poder.

 

"NO PUEDE CONSTRUIRSE UNA NUEVA SOCIEDAD SINO DESDE EL PODER"

 

No puede construirse una nueva sociedad sino desde el poder. Ese es  el planteamiento de muchas fuerzas políticas a la que se subordinan muchos movimientos sociales.  Para esas fuerzas  la energía, los esfuerzos personales y colectivos deben colocarse en la lucha por ser poder, para desde ahí transformar la sociedad. 

Para esos  partidos y movimientos políticos, las cooperativas, sindicatos y otras organizaciones de la comunidad no son sino herramientas para el objetivo de tomar el poder político.  En el lenguaje de los "dirigentes" de esas organizaciones políticas  se manifiesta esa concepción cuando oímos frecuentemente frases como: "tenemos quinientos sindicatos", "dominamos mil consejos comunales", "controlamos diez mil cooperativas". Frases que además de ser una ofensa para  “los controlados” reflejan el sentido de utilización que se hace de esas organizaciones.  

También reflejan la debilidad de la visión propia, del modo de vida autónomo de esos movimientos sociales, por lo que aceptan subordinarse a otros modos de vida, que sienten más consistentes que los propios, sean estos religiosos, ideológicos o políticos.  Especialmente se subordinan a organizaciones políticas que se sustentan en un razonamiento básico: para transformar el mundo hay que tomar el poder.

 

¿CAMBIAR EL MUNDO TOMANDO EL PODER?

 

Pero ¿Se puede transformar el mundo tomando el poder? Para muchos la respuesta es obvia. ! ! Claro que se puede!  La pregunta hasta les puede sonar sin sentido. ¿Cómo se podría cambiar las relaciones sociales sin un poder fuerte que imponga los cambios?  Si no es ejerciendo el poder ¿aceptarán los poderosos ceder sus privilegios? ¿Acaso no es importante cambiar las leyes?  ¿No justifica todo eso que las organizaciones sociales se subordinen a ese objetivo primordial de tomar el poder?

 

¿QUE NOS DICE LA HISTORIA?

 

La historia, relativamente reciente nos da algunas lecciones. Todos estaremos de acuerdo en que el sistema capitalista predomina en nuestro planeta, y que es un poder real. Ese poder domina naciones y pueblos e impregna de sus valores a  las sociedades. Ha impuesto un modo de vida.

Lo que nos resultará difícil de recordar es el momento en que algún movimiento político tomó el poder e impuso el capitalismo en el mundo o en cada país. No es fácil recordar cuándo un gobierno decretó que los nuevos valores que deben regir en la sociedad son los de la competencia, el consumismo y el individualismo. No recordamos el poder político que implantó a las transnacionales. 

No lo recordamos, porque eso no pasó. Más bien recordamos que los gobiernos  fueron modelados por  la existencia de fuertes  procesos, cultura  y hechos capitalistas que ya se habían convertido en un  poder real en la sociedad. 

El paso en Europa del feudalismo al capitalismo es un buen ejemplo.  Conviviendo con los feudos, en minoría, también existían unos “buhoneros” que se dedicaban al comercio.   Dos ideologías estaban presentes: La que garantizaba el funcionamiento del feudo, de autoridad, de servilismo, de producción para el consumo, de vida estable, de religión que valoraba la pobreza y planteaba las recompensas en la otra vida.   

Por otra parte la ideología de los “buhoneros” que se adecuaba al intercambio: libertad, independencia, ganancia, premio en esta vida.  Cuando, por diferentes procesos sociales (apertura del comercio, desarrollo de las ciudades) los “buhoneros” pasaron a ser la principal fuerza social, se sucedieron cambios trascendentales como el predominio de la idea de la libertad que se manifestaba en lo religioso, en lo económico y en lo social.  La riqueza se vio como premio divino. La iniciativa individual se valoraba socialmente. 

La fuerza social cambió la estructura política. El mundo se transformó capitalistamente sin que la vía para que eso sucediese fuese la toma del poder político por los que pensaban que esa era la mejor opción para la sociedad. El poder político resultó transformado por una sociedad en la que fueron prevaleciendo relaciones, valores y modos de vida propias de eso que llamamos capitalismo.

Un poder social transformó al poder político. Todo lo contrario de lo propuesto por muchas fuerzas políticas que mantienen el planteamiento de  que para transformar la sociedad primero se debe tomar el poder.

 

REVISAR EL PARADIGMA DE LA TOMA DEL PODER

 

La constatación de que ha habido transformaciones y cambios profundos en nuestras sociedades que no han provenido del poder político que se impone, sino que han devenido de otros procesos económicos, tecnológicos, culturales y espirituales, nos obliga a revisar el paradigma de la toma del poder.

¿Será posible imponer valores de solidaridad, honestidad,  participación?  ¿No es profundamente contradictorio pretender imponer nuestra visión de sociedad participativa al resto de la comunidad?  Los métodos que se utilizan con frecuencia para tomar el poder político y para ejercerlo ¿no son en esencia excluyentes?  ¿Acaso se podrá excluir para incluir? ¿Dominar para generar participación? ¿Imponer sociedades que busquen el consenso? ¿Construir economía de solidaridad desde modelos de capitalismo de estado? ¿Construir sociedades autodeterminadas, autogestionarias con centralización del poder?

Las respuestas a esas preguntas nos llevan a reflexionar sobre el tipo de sociedad por la que luchamos y cómo promoverla.  Sin duda que una sociedad jerarquizada puede ser construida mediante fuerzas autoritarias y verticales.  Una sociedad controlada puede ser impulsada con dominación.  Pero una sociedad de autodeterminación, de autogestión, una sociedad con economía de solidaridad tiene que desarrollarse partiendo de procesos ajenos a la imposición, construyendo la nueva sociedad con participación de todos.

 

LAS SOCIEDADES CAMBIAN AL PODER

 

¿La experiencia histórica y nuestra vida no nos dicen que el estado, el gobierno está condicionado por todas las relaciones, la cultura  y las fuerzas de la sociedad en donde está? El Estado como nodo, como punto de encuentro de muchas redes sociales, puede sin duda influir en toda la sociedad.  Pero está realidad no nos puede hacer perder la perspectiva de que con mucha más fuerza las relaciones reales, la cultura existente, los valores, las organizaciones, el modo de producir que prevalece condiciona, determina y limita a ese estado o gobierno. 

También la experiencia histórica nos muestra que sólo con la toma del poder político no ha sido posible una plena y coherente transformación hacia los objetivos que se plantean. 

Nuestro vecino, Guyana, después de una toma del poder político, aprobó una constitución bajo el título de República Cooperativa de Guyana. Declara en ella la creación de una sociedad cooperativa.  Después de 36 años de esa declaración el cooperativismo tiene poca existencia real en ese país. Otras sociedades que desde el poder político declararon procesos socialistas, después de años se encontraron llenos de burocratismo y formas de gestión social y de producción que poco podían diferenciarse de las propias de las sociedades jerárquicas y capitalistas.

Los procesos de transformación profunda, de auténticas revoluciones, se van dando en los procesos sociales, generando fuerzas que están en sintonía con aspiraciones espirituales, materiales, organizacionales y tecnológicas.  El estado está ahí, en medio de esas corrientes. 

Cuando desde el estado se busca la transformación profunda de la sociedad, se debe propiciar y ser coherente con fuerzas reales importantes de la sociedad que estén construyendo nuevos modos de vida, llamémoslo de Solidaridad, de autodeterminación, de participación.  Pero sin duda lo fundamental es que efectivamente vaya creciendo la nueva sociedad como realidad importante en la economía, en los procesos de organización social y en la cultura. Que la Solidaridad crezca como fuerza incontenible, no porque se imponga a otros, sino porque es aceptada por la sociedad, porque es coherente con los cambios tecnológicos, organizacionales y sociales, porque llena aspiraciones profundas de carácter ético y espiritual.

 

EL MOMENTO DE LA SOLIDARIDAD

 

Los que no soportamos un planeta lleno de injusticias donde para citar un solo dato, casi la mitad del mundo sobrevive con menos de cuatro bolívares diarios, con menos de un dólar;    los que asumimos el compromiso de vida de aportar en la construcción de una nueva sociedad tenemos la obligación de no equivocar los caminos de transformación y revolución.  No podemos canalizar toda nuestra energía en forma contradictoria, organizando partidos excluyentes para tomar un poder político que pretenda imponer nuestra verdad de inclusión y participación.  No prolonguemos así el sufrimiento y las injusticias.  No alejemos la felicidad de todos marcando derroteros equivocados. 

La sociedad del conocimiento, la revolución en las comunicaciones y la información, otros cambios espirituales y tecnológicos, están facilitando el desarrollo de las formas asociativas  de gestión y desarrollo económico en diferentes modalidades y alcances.  La transformación de las grandes empresas en el postcapitalismo, cada vez más se orienta a empoderar a sus equipos de trabajo, a fortalecer el trabajo grupal y asociativo.  En el nivel comunitario casi mil millones de cooperativistas están incorporados en la Alianza Cooperativa Internacional, organización que sin embargo no agrupa a más del 50% de las organizaciones cooperativas del mundo, lo que es reflejo de un crecimiento inusitado de éstas y de otras formas alternativas de organización económica sustentadas en la Solidaridad y en procesos asociativos. Sociedades que ocupan los primeros lugares en el índice de desarrollo humano, como Noruega y Suecia tienen un componente sumamente importante de economía cooperativa y asociativa.

Por otra parte la incapacidad del sistema dominante para desarrollarse con equidad, por su lógica excluyente, impulsa a millones de personas a enfrentar la vida apelando a los valores familiares, tribales, de reciprocidad y solidarios presentes en las culturas previas sobre las que se han sobrepuesto concepciones que gravitan en el individualismo y  en la acumulación individual.   Esos millones de ciudadanos encuentran en la asociatividad una manera de construir sociedad, economía y cultura apoyados en valores éticos y cosmovisiones alejadas del modo dominante de ver el mundo.

La ola de la asociatividad está creciendo y sobre ella se abre un campo inmenso de construcción masiva de nuevas relaciones sociales que están incidiendo sobre la sociedad en su conjunto.

 

 

UN MODO DE VIDA: IR CONSTRUYENDO, AQUÍ Y AHORA, DESDE NOSOTROS, LA SOCIEDAD POR LA QUE LUCHAMOS.

 

“Ir construyendo en pequeño la sociedad por la que luchamos en grande”. En la cooperativa Gestión Participativa desarrollamos la frase de nuestro asociado fallecido Macario Castillo así: “Ir construyendo aquí y ahora, desde nosotros, la sociedad por la que luchamos”  Esa frase nos habla de un modo de vida.  Vivir ahora una nueva manera de hacer economía como la que quisiéramos en la nueva sociedad.  Vivir ahora formas de organización llenas de responsabilidad, participación y ejecución colectiva.  Vivir ahora con una cultura llena de valores de solidaridad.

Es un modo de vida en un momento histórico en donde los procesos asociativos reciben el viento de la historia.  Es un modo de vida, llamémoslo de solidaridad, que abarca la vida toda:

En lo económico:

Es afincarse en uno de los  factores productivos, llamado por Luis Razeto, el Factor C.  Además de los otros factores que  participan en los hechos económicos, el Factor C es el elemento sinérgico que potencia la producción y la productividad por la cohesión de la gente que participa en la organización. Es la cooperación, la comunidad de trabajo, la comunicación, la confianza, el compartir, el compañerismo, el compromiso, todas palabras que empiezan por C y que son una realidad en cualquier empresa y el factor más importante y la clave de la nueva economía de solidaridad.  Es vivir nuevas relaciones de producción en donde el trabajo asociado, el trabajo solidario demuestra su superioridad frente al esquema de trabajo subordinado a patronos y al trabajo aislado de los trabajadores por cuenta propia.

En la organización social:  

Es ir construyendo una sociedad sin jerarquías, sin convertirnos en irresponsables al delegar nuestras responsabilidades de construir  procesos sociales, en presidentes, juntas directivas, autoridades de diversa índole, convirtiéndonos en sujetos pasivos en nuestras organizaciones y en la sociedad en su conjunto.  Por el contrario es construir organizaciones basadas en la corresponsabilidad y la ejecución colectiva en el ámbito de la Economía de Solidaridad. Es la auténtica democracia participativa.

En lo cultural y espiritual:

Es llenar nuestra vida de los valores de la Solidaridad, la Cooperación.  Llenar nuestra vida personal, familiar y comunitaria en coherencia con los valores de la sociedad por la cual luchamos.  Llenar nuestra vida económica del Factor C. Nuestro trabajo realizarlo en comunidades solidarias. En la organización social impulsar procesos de compromiso con autogestión y participación

 

CAMBIAR EL MUNDO SIN TOMAR EL PODER

 

Esta frase del mundo zapatista, reflexionada a fondo desde el marxismo por John Holloway en el libro de ese nombre, nos habla de cambiar el mundo pero no mediante un tipo de poder que es dominación e imposición.   Es cambiar el mundo mediante la construcción de realidades poderosas de nuevas relaciones sociales que vayan creciendo, constituyéndose en fuerza social y mostrándonos a todos, no sólo en teoría, sino también en la práctica, que otra sociedad es posible. Es cambiar el mundo con la fuerza de un tsunami que logrará que lo público, el poder político, también se llene de ese contenido. Esas realidades son las propias de la Solidaridad.  Es la Economía de Solidaridad.  Es la organización de la sociedad en forma solidaria y participativa.  Es la cultura de la solidaridad.  Los que queremos estar comprometido con ese cambio no tenemos que esperar a que algún día se tome el poder para iniciar la transformación.  Es aquí y ahora, desde nosotros que podremos participar en la construcción de esa gran fuerza de solidaridad. Es el modo de vida de la solidaridad.

Luis Alfredo Delgado Bello

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Hechos y Experiencias de la Economía Solidaria

CECOSESOLA

Sin directivos, gerentes, supervisores, sin ni siquiera cargos, cerca de 80 organizaciones comunitarias, 700 trabajadores asociados, mil productores asociados y unidades de producción comunitaria se integran para atenderse y atender a 120.000 consumidores con  más de 180 millones de dólares de facturación anual. Es la mayor organización comunitaria de distribución de bienes y servicios en Venezuela.

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