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Jueves, 21 de Febrero de 2019
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ALIANZAS DE COGESTIÓN PARA OTRA VENEZUELA POSIBLE

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ALIANZAS DE COGESTIÓN PARA OTRA VENEZUELA POSIBLE. 

Otra Venezuela es posible.  Sí, pero con otra economía.

Otra Venezuela es posible.  Sí, pero con alianzas entre la economía solidaria y la economía pública y la privada.

La economía que se basa en que los poseedores de un factor de la producción, el capital,  contraten y subordinen a los otros factores, bajo sus intereses, especialmente que subordinen al factor trabajo, termina generando una sociedad sometida bajo su lógica y su provecho. 

Así es como el capitalismo subordina el conocimiento y la fuerza de trabajo a sus intereses y tiende a reproducir ese modelo de sometimiento a toda la sociedad.

También el estado cuando desarrolla empresas bajo el modelo capitalista somete y reproduce la dominación a escala societal.  Por eso el “capitalismo de estado” ha terminado generando sociedades dominadas,  a la imagen y semejanza del capitalismo y en cierto sentido peor, porque el único capitalista, el estado, cuenta directamente con todos los mecanismos institucionales y de control público, para garantizar su dominio.

En esos modelos se hace muy difícil generar una voluntad colectiva hacia  los logros de la  empresa porque todos los que están presentes en ella saben que al final, por más que se utilicen mecanismos “motivadores”, los beneficios que se obtengan serán utilizados  y aprovechados por un solo factor de los que intervienen en la actividad productiva.  De ahí la actidud "burocrática" que se genera y que mina la productividad de las empresas.

Pero otra Venezuela es posible si de desarrolla a gran escala otra manera de hacer economía en donde el factor de la producción que organice los procesos económicos sea el factor C.  El economista Luis Razetto, quién acuñó el término,  explica que existe un factor de la producción presente en todo proceso económico: el de la cooperación, de la comunidad solidaria.  Ese factor interviene e influye decisivamente en la actividad económica y eso se evidencia cuando las empresas dedican cuantiosos recursos a mejorar el clima organizacional, el sentido de pertenencia y el trabajo en equipo.  Es un factor importantísimo para el funcionamiento de las empresas, pero hasta ahora subordinado y minimizado. Pero cuando ese factor C, la comunidad solidaria, se convierte en el factor organizador de la empresa, se generan procesos integradores y no de dominación. Eso se da, por ejemplo, cuando los consumidores organizados constituimos una cooperativa y compramos juntos y nos distribuimos los productos con fines de beneficio colectivo.  En el mundo más de mil millones de personas hemos constituido cooperativas de esa naturaleza.    Esa nueva economía también se da cuando los trabajadores asociamos nuestras capacidades y conocimientos y constituimos empresas de la economía solidaria para producir bienes y servicios. Somos los consumidores organizados y los trabajadores asociados los que organizamos las empresas guiados por conceptos solidarios de interés colectivo.  Esas empresas de trabajadores asociados funcionan fundamentalmente por su ética llena de valores de integración y solidaridad.   Sobran los ejemplos de empresas exitosas de esta nueva economía.  

En la Alianza Cooperativa Internacional, el organismo cooperativo de mayor alcance a nivel mundial, se agrupan unos ochocientos millones de cooperativistas  y se estiman otros novecientos millones en cooperativas que se integran en otras modalidades de articulación.  Esos casi dos mil millones de seres humanos construimos la otra economía que viene creciendo y desarrollándose a lo largo y ancho de todo el mundo.

Venezuela necesita de esa otra economía.  Sin ella nos debatiremos entre un solo modelo de economía con dos variantes.  El capitalismo de particulares y el capitalismo del estado.  Así no será posible otra Venezuela.  Será el mismo musiú con diferente cachimba.

Venezuela es un país que gravita, en lo económico, en la energía.  Petróleo, gas, electricidad, agua.  Si en esas áreas de la actividad económica no está presente la economía solidaria, estaremos condenados a formas de producción signadas por  concepciones jerárquicas y opresoras de los trabajadores y de la comunidad.  La otra economía, la solidaria y cooperativa, se quedaría como algo marginal, indudablemente importante como referencia y fuerza de la otra Venezuela posible, pero alejada de los procesos centrales que impulsan y guían la economía del país.  

¿Pero cómo puede estar presente la economía solidaria en los puntos neurálgicos de nuestra economía si ella no cuenta con capacidad financiera ni tecnológica?  ¿Si los cooperativistas no tiene conocimientos en el área energética?

Es verdad que la economía solidaria no cuenta con el financiamiento propio y la tecnología para impulsar ese sector.  El estado y el sector privado sí.    Pero con lo que sí contamos los trabajadores es con el conocimiento, la capacidad y la experticia para llevarlo adelante.  Lo hemos demostrado desde la nacionalización de la industria petrolera y el desarrollo de múltiples empresas contando con la fuerza de trabajo y el conocimiento de todos nosotros.

Solo que nos incorporamos a las empresas como trabajadores individuales, dependientes, subordinados y sometidos.  Nos incorporamos enfrentados en nuestros intereses con las empresas.  Con la necesidad de organizarnos sindicalmente para enfrentar al patrono de unas empresas, que teóricamente son nuestras, pero que se organizaron como empresas capitalistas: Basta ver el ejemplo de PDVSA, sociedad anónima, organizada en definitiva bajo los conceptos de gestión y lógica mercantil. Por eso no basta cambiar el nombre de la empresa, sino toda la lógica jerárquica y de relaciones de dominación sobre el conocimiento y el trabajo.

Pero si lo vemos en términos  de Alianzas de cogestión, entre las empresas poseedoras de financiamiento y tecnología, las del estado y las privadas, con los poseedores del conocimiento, capacidades y fuerza de trabajo, la comunidad de trabajadores asociados, integrados en empresas de la economía solidaria, se lograría transformar profundamente las relaciones.   Sería una Alianza, un acuerdo para gestionar las empresas, en dónde los beneficios, los riesgos y la gestión se compartan entre todos los poseedores de los factores productivos (financiamiento, tecnología, gerencia, conocimientos y capacidades). No sería una relación de subordinación sino de cogestión.  Sería una nueva empresa: la empresa de todos.

No proponemos un modelo de contratación unilateral de las empresas a las cooperativas, en donde las empresas establezcan las condiciones de las contrataciones.  Eso no sería asociarse para llevar un emprendimiento.  Más bien modelos así se podrían prestar para burlar las disposiciones de las leyes de defensa de los trabajadores dependientes y no variaría esencialmente la relación de subordinación.   Se trata de Alianza para gestionar, construir y compartir resultados.

Tampoco es asociar como accionistas a las cooperativas que organicen los trabajadores.   Eso no es más que convertir a los trabajadores en patronos manteniendo la misma lógica en la que el capital es el factor organizador de la empresa. La lógica capitalista se manifestará en la formas de gestión y los trabajadores seguirán  siendo subordinados y dependientes tal como se ha implementado en algunas experiencias venezolanas llamadas de cogestión.

Se trata de de desarrollar auténticas Alianzas en las que se reconozca los aportes que los poseedores de los factores entregan al desarrollo de la empresa.  Se trata que el conocimiento y el trabajo se coordinen bajo formas y conceptos solidarios.  Se trata de que los ingresos y los resultados se compartan proporcionalmente a la valoración que se haga de los aportes de los factores económicos al proceso productivo. 

Algunos pasos ya se han dado en Venezuela en donde dos empresas, la de los trabajadores asociados en cooperativas y la empresa de capital acuerdan compartir por porcentajes, los ingresos de la facturación y los resultados finales.

Estas serían realmente empresas mixtas, alianzas de dos modos de hacer y ver la economía unidas para el beneficio del colectivo.  Así con una fuerte economía solidaria y con alianzas de esa economía solidaria con empresas públicas y privadas, otra Venezuela será posible.

Luis Alfredo Delgado Bello

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Sin directivos, gerentes, supervisores, sin ni siquiera cargos, cerca de 80 organizaciones comunitarias, 700 trabajadores asociados, mil productores asociados y unidades de producción comunitaria se integran para atenderse y atender a 120.000 consumidores con  más de 180 millones de dólares de facturación anual. Es la mayor organización comunitaria de distribución de bienes y servicios en Venezuela.

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